Llegar a Phnom Penh puede ser desconcertante. No es una ciudad fácil. No te recibe con templos majestuosos como Angkor ni con playas turquesa.
Te recibe con caos, con tuk-tuks que zumban, con cables eléctricos enredados como serpientes, con aromas dulces y punzantes que no sabes si vienen del mango o del mercado de pescado. Pero, si te detienes, si caminas con los ojos abiertos y el alma en modo escucha, Phnom Penh te habla.

Una capital con alma imperial
Pocos saben que Phnom Penh fue llamada alguna vez la “Perla de Asia”. A principios del siglo XX, bajo la influencia francesa, era una ciudad elegante, con bulevares arbolados, arquitectura colonial, cafés y tranvías. Pero antes de eso, ya era el epicentro del reino: fue fundada en el siglo XIV, cuando una mujer llamada Doun Penh (de ahí el nombre de la ciudad) colocó cuatro estatuas budistas halladas en el río Mekong en una colina, y sobre ella se erigió un templo: Wat Phnom.
Hoy, ese templo sigue allí. Y muchos camboyanos aún suben sus escalones para pedir buena fortuna, como lo hizo aquella mujer anónima que sin saberlo daría nombre a su país.
Camboya y los Jemeres Rojos
Camboya venía de siglos de imperios, guerras, colonialismo francés y la agitación de una independencia joven. Pero nada, absolutamente nada, preparó a su gente para lo que llegaría en abril de 1975.
Era el 17 de abril. Los jemeres rojos, un grupo comunista radical liderado por Pol Pot, entraron en Phnom Penh. La ciudad no resistió. No hubo disparos. Muchos pensaron que la guerra por fin había terminado. Que la paz, al fin, llegaba.
Pero esa misma tarde, todo cambió.
Los soldados, vestidos de negro, con pañoletas rojas al cuello, comenzaron a vaciar la ciudad. En cuestión de horas, millones de personas fueron expulsadas de sus casas. Ancianos, niños, mujeres embarazadas. Les dijeron que solo sería por tres días. Que volvieran pronto.
Nunca volvieron.
🏚 El experimento: una utopía convertida en pesadilla
Pol Pot tenía un sueño enfermo: una Camboya agraria, sin clases, sin religión, sin comercio, sin pasado. Todo debía ser destruido. Querían “reiniciar la historia” desde el Año Cero.
Los intelectuales fueron los primeros en caer. No hacía falta haber estudiado para ser considerado sospechoso. Llevar gafas podía ser motivo de ejecución. O hablar francés. O saber leer. O simplemente no trabajar con suficiente fervor.
Las familias fueron separadas. Las ciudades quedaron vacías. Los mercados cerrados. Los templos, profanados. La comida escaseaba. Se vivía bajo vigilancia constante. No existía el yo: solo el colectivo. Y el castigo.

Tuol Sleng y los campos de exterminio: la memoria del horror
No se puede hablar de Phnom Penh sin mirar de frente a su herida más profunda. En los años 70, durante el régimen de los Jemeres Rojos, la ciudad se vació completamente. Los hospitales, las escuelas, los mercados… todo fue abandonado. Los habitantes fueron deportados al campo. Allí comenzó el genocidio.
El Museo del Genocidio de Tuol Sleng, antigua escuela convertida en prisión de tortura (S-21), es un lugar que corta el aliento. No es fácil entrar. Las paredes aún tienen marcas de grilletes. Las fotos de las víctimas te miran sin juicio, pero con peso. A las afueras, en Choeung Ek, los llamados Killing Fields, miles de personas fueron asesinadas y enterradas en fosas comunes. Hoy, una estupa llena de calaveras rinde homenaje.
Y, sin embargo, ir es necesario. Para entender. Para no olvidar. Para honrar la resiliencia de un pueblo que no se ha rendido.

En la escuela de Tuol Sleng fueron encerradas más de 20.000 personas. Solo 12 sobrevivieron.Hoy dos de esos supervivientes, están allí para contarte su historia si quieres, ya con una avanzada edad.
Las celdas eran pequeñas y oscuras. Las torturas se aplicaban no para obtener información, sino para fabricar confesiones. Se obligaba a los prisioneros a inventarse crímenes, traiciones, conspiraciones.
Cuando ya no eran “útiles”, eran enviados a Choeung Ek, uno de los más de 300 “campos de exterminio” repartidos por el país. Allí, no se disparaban balas: se usaban palos, machetes, herramientas de granja. Para ahorrar munición.

En total, entre 1975 y 1979, se calcula que murieron entre 1,7 y 2,8 millones de personas. Cerca de un cuarto de la población del país.
Nosotros tuvimos el enorme lujo y honor de viajar con un guía que era niño y que vivió todo lo que os he contado, vio como ejecutaban a su padre y nos acompaño a los campos de exterminio donde estuvo varios años. Con el tiempo encontró a su madre y a dos de sus hermanos.
🧘♀️ ¿Y después?
En 1979, los jemeres rojos fueron derrocados por el ejército vietnamita. Pero la guerra civil siguió. Los responsables del genocidio desaparecieron entre la selva y la política internacional. Pol Pot murió en 1998, sin juicio, sin cárcel, sin remordimientos.

A día de hoy, solo unos pocos líderes fueron condenados por crímenes contra la humanidad, muchos años después, cuando ya eran ancianos. La justicia llegó tarde. Demasiado tarde.
🌱 Pero Camboya no se rindió
Hablar con camboyanos mayores de 50 años es escuchar historias de hambre, silencio y pérdida. Pero también de resistencia, de supervivencia, de dignidad. Camboya no borró su pasado. Lo convirtió en memoria.
En los templos, hoy, los monjes enseñan meditación a niños que nunca conocerán el horror. En los colegios, los jóvenes aprenden sobre el régimen que sus padres no pudieron nombrar. Y en lugares como Tuol Sleng, las fotos de las víctimas no son solo rostros: son advertencias al mundo.
✨ Una herida abierta que enseña
Visitar Camboya no es solo ver templos. Es mirar de frente una historia brutal. Es honrar a quienes la vivieron. Es entender que bajo cada sonrisa —que son muchas, y cálidas, y sinceras— hay una historia que casi no fue contada.
🇰🇭 Qué ver en Phnom Penh: un paseo por la ciudad que recuerda y resiste
El Palacio Real: dorado por fuera, silencioso por dentro
A pocos pasos del río, entre jardines de loto y palmeras, se levanta el Palacio Real, residencia oficial del rey de Camboya. Su arquitectura es como un cuento camboyano: tejados inclinados hacia el cielo, dragones tallados en madera, cúpulas que relucen al sol como si fuesen de fuego.
Dentro del complejo está la joya: la Pagoda de Plata, llamada así por las más de 5.000 losas de plata que cubren su suelo. Allí se encuentra un Buda de esmeralda y otro de oro macizo, custodiados por el silencio de los fieles. El lugar invita al recogimiento. No hay prisa. Ni siquiera las cámaras parecen capaces de captar lo que se siente allí dentro.
🏛 El Museo Nacional: lo que el tiempo no borró
Muy cerca, con su color rojo intenso y tejados en forma de naga, está el Museo Nacional de Camboya. Es más que un museo: es un santuario del pasado. Entre estatuas de Vishnu, Shiva y Buda, uno entiende que Camboya no empezó en Angkor, ni terminó con los Jemeres Rojos. Hay mil años de arte, de fe, de poder tallado en piedra.
Caminar por sus salas es un viaje al corazón del Imperio Jemer, y a la profundidad espiritual de su gente.
⚫ Tuol Sleng: el lugar donde se escuchan los silencios
En el barrio de Boeung Keng Kang, una antigua escuela convertida en prisión de la que ya os hemos hablado. La atmósfera es densa, no de morbo, sino de memoria viva. No se habla. Solo se camina. Solo se respeta.
⛩ Wat Phnom: donde todo empezó
Subiendo una pequeña colina en el norte de la ciudad está Wat Phnom, el templo fundacional. Cuenta la leyenda que una mujer llamada Penh encontró estatuas de Buda flotando en el río y decidió construir este templo en su honor. Así nació Phnom Penh: la colina de Penh.
El templo no es el más majestuoso, pero sí el más simbólico. Desde arriba, se ve la ciudad vibrar. A veces, los locales sueltan aves en libertad como símbolo de renovación. A veces, los turistas lanzan flores o deseos. Aquí no importa la religión. Importa el alma.
🛍 Los mercados: donde late la ciudad
Después, el cuerpo pide bullicio, color y sabor. Y para eso, Phnom Penh tiene sus mercados.
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Psar Thmei (Mercado Central): un edificio art déco de cúpula dorada que parece una nave espacial aterrizada en pleno centro. Dentro: relojes, ropa, electrónica, comida y calor. Mucho calor.
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Psar Toul Tom Poung (Mercado Ruso): ideal para perderse. Entre puestos de antigüedades, seda, camisetas de Angkor y cucharas de plata, siempre aparece algo inesperado.
Y si el día lo permite, prueba un zumo de caña de azúcar con hielo. Barato, dulce y refrescante como la sonrisa de un camboyano.
🌇 Skybars y atardeceres: Phnom Penh desde arriba
Cuando el sol empieza a caer, Phnom Penh se vuelve dorada. Sube a un skybar como Eclipse Sky Bar o Sora, y contempla el río bifurcarse como un espejo fundido. La ciudad parece entonces otra: más calmada, más serena, como si ella también necesitara una pausa para respirar.
Desde arriba, se ven los templos, los bloques modernos, los mercados… todo en un equilibrio imperfecto pero genuino.
Phnom Penh hoy es una mezcla fascinante de contrastes: monjes con móviles de última generación, centros comerciales junto a mercados callejeros, sky bars al lado de casas de madera sobre pilotes. Hay una energía urbana caótica, pero también una escena creativa emergente: jóvenes diseñadores, galerías de arte, cafés con conciencia social, restaurantes que forman a jóvenes en riesgo a través de la cocina (como el hermoso Friends Restaurant).
Por la noche, el paseo junto al río Tonlé Sap se llena de familias, música, puestos de comida callejera y sonrisas. Y entiendes que esta ciudad, a pesar de todo, sigue celebrando la vida.
🍜 Phnom Penh con sabor
Comer en Phnom Penh es una fiesta para los sentidos. No puedes irte sin probar:
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Nom banh chok: fideos de arroz con salsa de pescado y hierbas (un desayuno típico).
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Bai sach chrouk: arroz con cerdo a la parrilla y encurtidos.
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Amok trey: versión capitalina del plato nacional, más suave, con pescado y leche de coco.
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Y si te atreves, prueba un huevo fertilizado de pato (balut)… al menos una vez.
🛶 Phnom Penh como punto de partida
Desde aquí puedes:
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Tomar un bus o barco hacia Siem Reap y los templos de Angkor.
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Seguir hacia el sur para explorar Kampot y Kep, joyas coloniales y costeras.
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O incluso cruzar la frontera hacia Vietnam o Tailandia
✨ Phnom Penh: no es fácil, pero es real
No es la ciudad que más fotos vas a subir a Instagram. Pero es la ciudad que más te va a hacer pensar, sentir, y crecer. Phnom Penh es la memoria viva de un país que sufrió lo indecible y aún así sonríe. Es historia, espiritualidad, caos y belleza. Y, como ocurre con las personas profundas, requiere tiempo para ser comprendida.
🇰🇭 Guía práctica para viajar a Camboya en 2025
🛂 Visado
eVisa online: se tramita en https://www.evisa.gov.kh/
Precio: 33–34 €, dura 30 días (prorrogable una vez por 30 días más). Aprobación: en 2–3 días.
Cómo llegar desde Europa
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Vuelos más económicos suelen ser vía:
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Bangkok (Tailandia)
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Kuala Lumpur (Malasia)
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Doha / Dubái + conexión a Phnom Penh o Siem Reap
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Moneda y pagos
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Moneda local: riel camboyano (KHR)
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Dólares estadounidenses siguen siendo la moneda de uso diario. Pero:
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En muchas zonas turísticas aceptan euros para pagos grandes (hoteles, agencias).
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Para pagos pequeños, el cambio se da en rieles.
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🟢 Recomendación:
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Lleva euros en efectivo y cambia a dólares en Siem Reap o Phnom Penh.
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Usa tarjetas para cajeros o pagos en hoteles/restaurantes mayores (Visa y Mastercard son aceptadas), en casi todos los sitios puedes pagar con tarjeta
🚌 Transporte
Mi recomendación para todo el sudeste asiático, es que tengáis descargado Grab, es como Uber y es, con diferencia la mejor forma de moverse por Phnom Phen, Siemp Rep y llevarte a Angkor. En Camboya el transporte tiene un precio irrisorio, es baratísimo, en Bangkok en algo más caro, pero comparado con los precio europeos, son de risa
Es lo mejor por que evitas comunicarte con el conductor que muchos no hablan ingles y no tienes que andar negociando y puedes pagar a través de la aplicación que la enlazas con tu tarjeta de viajes. Ni lo dudes.
🎟️ Entradas y excursiones
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Angkor Wat (complejo entero):
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1 día: 34 €
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3 días: 58 €
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7 días: 67 €
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Tuol Sleng (Museo del Genocidio): 4 €
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Killing Fields (Choeung Ek): 4 €
Las excursiones son mucho más baratas contratarlas a allí que al touroperador europeo, vamos los precios son la mitad y las excursionismos es la misma.
📶 Internet y móvil
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SIM local: 3–5 € por 10–20 GB (Smart o Metfone)
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WiFi disponible en casi todos los alojamientos
- Yo llevo la eSIM de Revolut o la de Aíralo

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